Lentamente abro los ojos, un cúmulo de penumbras se proyectan en el techo y en las paredes a causa de la tímida luz que se cuela por los agujeritos de la persiana. Observo los objetos en las estanterías, los dibujos en las paredes, siguiendo con la mirada el camino de hojitas verdes hasta verte a mi lado, tumbada. Y empiezo un viaje marcha atrás… y esta vez no son recuerdos inventados, son de verdad. Te recuerdo ayer rodeándonos con los brazos en el sofá mirando tu televisión de bolsillo, acurrucados sin dejarnos de acariciar durante todo el día. Y la noche anterior, compartiendo unas copas, hablándonos de lo que hasta no hacía mucho era ese juego incierto de miradas y dudas. Y esos parajes por los que tanto rato caminamos y disfrutamos. Ese pueblecito encantado y encantador y ese riachuelo que nos cantó durante toda la noche… y la luna que nos visitó de madrugada y que entró por la ventana para que te pudiera ver mejor. Mi cajita mágica esta desbordada… tendré que conseguir un baúl mágico. Me miro las manos y pienso que con estos dedos estoy acariciando el cielo.