Me gustas…
Me gustan las paredes amarillas de tu casita de hadas. Me gusta tu sofá, me gusta tu cama y la vista de tu terraza. Me gustas despeinada por la mañana. Me gustas con los ojitos cerraditos tapadita dentro de la cama. Me gustan tus manos, me gusta tu espalda. Me gusta la curva de tus cejas, tus largas pestañas. Me gustan tus ojos ,me gusta tu nariz, me gustan tus labios, tu dulce cara. Me gusta besar tus hombros, tu cuello, besar tu nuca y con mis labios apretarte las orejas. Me gustan tus largas piernas y tus irresistibles nalgas. Me gusta tu pelo suelto y tus brazos al descubierto. Me gusta tu torso, tus suaves pechos y el pircing de tu ombligo. Me gusta abrazarte por detrás, me gusta q me rodees el cuello y que apoyes tu cabeza en mi pecho. Me gusta acariciar suave tu barriga y deslizarme por el valle que protegen tus preciosas caderas. Me gustas cuando cocinas y me gustas cuando duermes. Me gustas cuando bailas y me gustas cuando cantas. Me gustas cuando haces, me gustas cuando callas, cuando hablas y sobretodo cuando ríes. Me gusta lo q piensas, lo q escuchas, me gusta como eres.
Me gusta que me gustes…
¿Por qué coño de pronto todas las canciones hablan de ti?
Me has enseñado tu parte más oscura y aún así me enloqueces. ¿qué se supone que tengo que hacer?
No pretendo que intentes nada, simplemente no te estoy pidiendo nada, así de fácil. Tu eres. Con eso me basta.
Se ha entablado una guerra entre mi cabeza y tu pared, dudo que me canse de dar cabezazos… a ver cuanto aguanta tu pared.
Hay algo que me pasa a menudo, pero hoy ha sido más intenso que de costumbre. Me he despertado por la mañana deseando haber “no dormido” contigo. Y me refiero justamente a eso. Te imagino tumbada a mi lado en la cama, acostada de lado… con una mano entre la mejilla y la almohada y la otra reposada suavemente en tu cadera. Con los ojos dulcemente apagados, escuchando el ritmo lento de tu respiración. Y digo “no dormir” porque me resultaría del todo imposible pegar ojo, mirándote. Quizá en algún momento, en una fase menos profunda del sueño te despertarías al sentirte observada, abriendo delicadamente los ojos, regalando una dulce sonrisa pícara y volviendo a cerrarlos para seguir con tu descanso. Y yo guardando receloso ese regalo en mi cajita mágica donde conservo todos y cada uno de los que me vas brindando.
