Las palabras suelen mentir, confundir. Las miradas suelen esconder, despistar. Los labios no tienen esa costumbre, las manos tampoco… El tacto, el más antiguo de los sentidos es el más difícil de engañar.
Palparía tus labios con mis dedos, bordeándolos suavemente, rodeándolos lentamente mientras observaría como tus ojos intentan esconderse o despistarme, mientras intentas mentirme o confundirme… pero sin huir inmóvil mientras me cuentas sin palabras que te gusta… sin poder evitar cerrar los ojos.